Por qué no existen emociones negativas
- oliviaatienzapsico
- 7 abr
- 2 min de lectura

Las personas tendemos a hablar de emociones “positivas” y “negativas”, pero esta forma de entender lo que sentimos puede generar más malestar del que parece.
En mi trabajo como psicóloga online especializada en trauma y apego, veo con frecuencia cómo muchas personas no sufren tanto por lo que sienten, sino por la dificultad para aceptar esas emociones.
¿Y si el problema no fueran las emociones en sí, sino cómo nos relacionamos con ellas?
No concibo que existan emociones positivas o negativas.Más bien, hay emociones que se sienten agradables y otras desagradables.
La ansiedad, la tristeza o la rabia no son malas.Son respuestas naturales del cuerpo y la mente ante determinadas experiencias.
El problema aparece cuando aprendemos a etiquetar estas emociones como algo que debemos evitar o eliminar.
En los últimos años, la llamada “psicología positiva” ha popularizado la idea de que debemos buscar constantemente el bienestar, la calma o la felicidad.
De forma sutil, se transmite que:
Sentirse bien es lo correcto
Sentirse mal es un problema
Esto puede llevar a pensar que si estamos mal, es porque estamos haciendo algo mal.
Sin embargo, esta visión puede generar mucha presión y desconexión emocional.
Algunos autores han señalado cómo la sociedad actual ha convertido la felicidad en una especie de obligación.
En este contexto:
Cada persona parece responsable absoluta de su bienestar
El sufrimiento se vive como un fallo individual
Se pierde espacio para la comprensión, la empatía y la vulnerabilidad
Además, se nos transmite que debemos transformar cualquier dificultad en crecimiento personal, lo que deja poco margen para sentir, parar o cuestionar lo que nos ocurre.
Esta “exigencia de estar bien” puede hacer que muchas personas:
Repriman lo que sienten
Se juzguen por tener emociones difíciles
Se sientan aún más solas
Desde la experiencia clínica, el malestar no suele venir de la emoción en sí.
Viene de la dificultad para sostenerla.
Cuando evitamos emociones como la tristeza, el miedo o la inseguridad:
Estas no desaparecen
Se intensifican
Acaban apareciendo de otras formas (ansiedad, bloqueo, irritabilidad…)
Por eso, aprender a tolerar y comprender lo que sentimos es clave en cualquier proceso terapéutico.
Aquí es donde cobra sentido una idea fundamental en psicoterapia, especialmente en terapias de tercera generación:
La aceptación es el primer paso hacia el cambio.
Marsha Linehan propone el concepto de aceptación radical, que consiste en dejar de luchar contra la realidad tal y como es.
Cuando dejamos de luchar constantemente contra lo que sentimos, algo cambia:
Disminuye la tensión interna
Aparece más claridad
Se abre la posibilidad de hacer algo diferente
Aceptar no significa conformarse ni quedarse atrapado.
Significa:
Ver la realidad con claridad
Poder actuar desde un lugar más consciente
Solo cuando aceptamos dónde estamos, podemos empezar a cambiarlo.
Si sientes que hay emociones que te desbordan, que intentas evitar o que no entiendes del todo, no estás solo/a.
En terapia, podemos trabajar juntos/as para:
Comprender lo que te ocurre
Aprender a sostener tus emociones
Construir una relación más amable contigo